Newcastle United: sobrevivir a ti mismo

Año tras año la historia se repite en el norte de Inglaterra. Un club que no quiere morir nunca lucha contra sí mismo por no hacerlo. Es más, lucha porque en el panorama deportivo no afecten las decisiones administrativas. El Newcastle United no es un club más. Es un club con una masa social exigente, y numerosa, muy numerosa. Orgullosa de ser gente del norte, orgullosa de ser del Newcastle y no del resto de equipos grandes del país. Porque en Newcastle, todos son de las urracas, sin excepción. Todos han visto a este equipo luchando contra el Liverpool o el Manchester United por ganar la liga inglesa, y si no lo vieron, sus padres ya se encargaron seguro de enseñárselo. Todos se acuerdan del Newcastle europeo. Y por eso, nadie cree que el club esté ahora en esta situación.

Mike Ashley. Ese es el hombre que ha convertido al Newcastle en un club superviviente. Desde su llegada a la dirección general en 2007 Ashley implantó en St James´ Park una política de fichajes a la baja, es decir, siempre buscando un saldo positivo entre incorporaciones y ventas. Y no es que sea el Lobo de Wall Street y sepa tanto de finanzas que pensó que era la mejor forma de llevar el club, sino que su objetivo desde el primer día fue beneficiarse económicamente de la marca Newcastle United, un club con renombre en el fútbol europeo por el que habían pasado jugadores legendarios como Alan Shearer o Michael Owen.

Pese a esa política egoísta y tiránica, la Premier League 2011-2012 disipa las dudas sobre el devenir del club toda vez que las urracas terminan quintas en la tabla, por delante de equipos como Liverpool, Chelsea o Everton, ganándose así la oportunidad de estar en la próxima Europa League. Aquella plantilla con Coloccini, Ben Arfa, Cabaye y sobre todo los senegaleses Demba Ba y Pappis Demba Cissé hizo magia para alcanzar y competir cara a cara con los mejores. Fue el último Newcastle que gustó a la afición, y llegó de rebote, pues nadie imaginaba ese rendimiento de los de Alan Pardew, que fue Entrenador del Año en la Premier League. Alan Pardew, el mismo de ahora, imaginaos.

Ahí fue cuando Ashley empezó a ver el Newcastle solo como un negocio, dejando completamente olvidada una parte deportiva que nunca había tenido demasiado en cuenta. En ese año 2012 empezó una decadencia en el club norteño que se alarga hasta el día de hoy y que tuvo su peor momento en mayo de 2016 cuando se certificó su descenso a la Championship pese a la llegada tardía y milagrosa de Rafa Benítez en las últimas jornadas de aquella Premier League. En Newcastle y fuera de allí se sigue sin saber por qué un técnico como Rafa Benítez, que acababa de salir de un club como el Real Madrid, se embarcó en un proyecto tan oscuro y lleno de obstáculos. Ashley le engañó, muy bien por cierto, pero eso ha terminado siendo la salvación de este histórico equipo.

La valentía, el coraje y la experiencia de Benítez en los grandes banquillos europeos obligó a Ashley a formar un gran equipo para volver cuanto antes a la Premier League, y en 2017 volvieron. El verano pasado Rafa comenzó a ver el verdadero carácter de Ashley. Le empezó a ver como empresario y no como director ejecutivo de un equipo de fútbol. Empezó a ver libras en los ojos de su jefe, como la mayor parte de los aficionados del Newcastle hacían desde hace años. Sin respuesta a la exigencia de Rafa de dinero para mejorar la plantilla de cara a aquella vuelta a la Premier League, sin respuesta también a las críticas que la afición lleva lanzando tantos años sobre él y su gestión, sin apariciones públicas en todos aquellos eventos relacionados con el club. Sin compromiso. Sin respeto alguno. Ese es Mike Ashley, el culpable de que el Newcastle United luche continuamente contra sí mismo.

Ahora mismo, Rafa Benítez es para cualquier aficionado magpie el máximo representante del club. El salvador. El genio que nunca sabremos por qué llegó pero si sabemos por qué se quedó. Pese a todo. Porque ama este club. Porque quiere salvarlo de una inevitable situación que se dará si Ashley continúa en la dirección. En invierno, el técnico español fue el primero en pedir a Ashley la venta del club ante una oferta de 300 millones de libras de la empresaria inglesa Amanda Staveley, que prometía además a Benítez otros tantos millones de inversión en mejorar la plantilla. Cuando todo parecía apalabrado y la luz al final del túnel se hacía visible, Ashley cambió las condiciones y Staveley y los suyos se echaron atrás.

Más de medio año después, la situación lejos de mejorar ha seguido empeorando. La pretemporada de las urracas se ha resumido en malos partidos que como admite el propio Benítez son un espejo de lo que ocurre fuera del terreno de juego. El fichaje de Salomón Rondón, petición expresa del español, acabo cayéndose a última hora, lo que ha dejado al técnico desconcertado y en plena guerra contra Ashley y sus secuaces, empeñados en hacer del Newcastle United un negocio económico que acabe con la quiebra, desaparición o quién sabe qué de este histórico y precioso club. Pero lo que no sabe es que la masa social del Newcastle, una de las más grandes de Inglaterra, junto con su entrenador, unos jugadores comprometidos al mil por cien en esta causa tan mediocre como real y el resto de miembros del club, van a acabar con él. Tarde o temprano, nuestro club volverá a ser nuestro. Volverá a ser grande. Volverá a ser honesto, transparente y ganador. Los días pasan, la paciencia se agota, y Mike, aquí seguimos. Tan fuertes como al principio. Y hasta el final. Hasta que Ashley deje este club estaremos en pie de guerra. Porque con el fútbol no se juega, y con el Newcastle United menos aún.