La mayor declaración de amor al fútbol

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El mundo del fútbol ha sido protagonista, a lo largo de sus más de 149 años de vida, de algunas de las historias de superación personal más emotivas jamás vividas. Algo que habla maravillas de un deporte cuyo único fin, por más que haya quien se empeñe en lo opuesto, es la unión.

“el fútbol no es cuestión de vida o muerte. Es mucho más que eso”

Bill Shankly

Derek Dooley fue protagonista de uno de esos episodios épicos en febrero de 1953. Decía Bill Shankly, legendario entrenador del Liverpool, que “el fútbol no es cuestión de vida o muerte. Es mucho más que eso”. Con Dooley dio en el clavo.

Doyle (camiseta rayas) marcando uno de sus 62 goles en 61 partidos

Nacido en 1929, en la cuna del mejor fútbol inglés, Sheffield, Dooley se consagró pronto como un magnífico goleador, hasta el punto de alcanzar a los 24 años el equipo de su ciudad, el Sheffield Wednesday.

Por aquel entonces, y pese a ser un histórico del fútbol británico, el Wednesday militaba en Segunda División. Sin embargo, Dooley contribuyó a que regresara a la élite en 1952, con sus 46 goles en una temporada. Un récord jamás batido en el club inglés.

Pero el cuento de hadas se iba a convertir en pesadilla. Un choque contra el guardameta del Preston North End, Geroge Thompson, le provocó una doble fractura de tibia y peroné. Dooley no pudo completar su primera campaña en la élite del fútbol británico.

Aunque la operación fuera compleja en aquella época, todo pareció ir bien. Pero meses después, los médicos que le atendían se percataron de que los dedos de su pie no respondían a ningún tipo de estímulo.  Dooley jamás volvería a vestirse de corto.

Doyle en el hospital después de la operación

Aquella pierna se estaba encangrenando y no había marcha atrás. Se rumoreó que un fármaco de marca blanca estaba detrás de un acontecimiento que destruyó las ansias del jugador de poder viajar con la Selección Inglesa, para la que sonaba ya con fuerza.

Doyle junto a su mujer en la ambulancia después de que le amputaran su pierna derecha

Hubo que amputar. Pero el delantero no iba a caer en el desánimo. Se revolvió contra la realidad y lanzó un mensaje al mundo en el que declaró que a pesar de perder su pierna, seguiría unido al fútbol.

Así fue. Dooley tardó en recuperarse pero con el apoyo de los partidos benéficos, los medios locales y de su fuerza de voluntad, volvió al mundo del fútbol, y no fue precisamente para tener un papel anecdótico.

Alternó diferentes puestos del organigrama del Sheffield Wednesday hasta que demostró su valía como entrenador del equipo junior. En 1971 dio el salto al primer equipo, que malvivía en la zona baja de la Segunda División y lo devolvió a Primera.

Aquella épica reacción guió a muchos futbolistas, técnicos y aficionados. Cuando se jubiló, miles de amantes del fútbol le brindaron un atronador y prolongado aplauso en un homenaje a su figura. A su muerte, una calle luciría para siempre su nombre para dejar patente que Dooley era ya una leyenda. Sin duda, una de las historias de superación más emotivas del fútbol.