El United después de Sir Alex. Parte II: empezar de cero

Tras la retirada de The Boss , las oficinas de Old Trafford se afanaron en buscar un sustituto que estuviese capacitado para mantener el nivel competitivo que el equipo había mantenido durante dos décadas y media con el escocés al frente. Es tentador pensar que el técnico elegido sería un afortunado. Heredaría un equipo formado por buenos jugadores, acostumbrados a ganar y trabajaría para un club con un importante músculo financiero. ¿que más se podía pedir?

Nada más lejos de la realidad. El entrenador que sustituyese al mito escocés debería empezar de cero, con todos los riesgos que eso implica para un club grande, debiendo conectar con los jugadores existentes e hilando fino a la hora de incorporar nuevos talentos e implantar un sistema de juego que funcionase. ¿Pero por qué decimos que debía empezar de cero?

Porque el United de Ferguson era un equipo sui generis elevado a la máxima expresión. La simbiosis creada a lo largo de tantos años había provocado que no se pudiera entender el equipo sin su entrenador, al punto de que cualquiera que quisiera continuar su legado copiando lo que él hacía estaba destinado a fracasar. Porque Sir Alex era único, tanto en su manera de entender el juego como a la hora de gestionar su plantilla. El entrenador que llegase debería construir una nueva identidad para el equipo y además hacer que funcionase. Tarea complicada tras 26 años aplicando los mismos dogmas.

Pues bien, decíamos que en las oficinas del United los directivos se enfrentaban a una tarea que no habían realizado nunca, fichar a un nuevo entrenador. Variedad de nombres se barajaron pero el trío final de candidatos estaba formado por Carlos Queiroz, Pep Guardiola y José Mourinho

Mourinho y Guardiola eran los mejores entrenadores del mundo en ese momento, ambos habían cosechado méritos suficientes a lo largo de sus carreras para asumir el timón del transatlántico mancuniano pero el catalán decidió firmar por el Bayern de Munich y Mou, el preferido de Ferguson para el cargo, se decantó por regresar a Stamford Bridge tras su paso por el Real Madrid. Queiroz había trabajado muchos años con Ferguson, pero creo que nadie , ni el propio Ferguson, le consideró como un candidato con posibilidades de optar al puesto a pesar de que el escocés le incluyera (quizás en agradecimiento por todos los años que pasaron juntos) entre las opciones que mencionaba cuando le preguntaban por su sustituto.

Ferguson tenía una cualidad por encima de todas. Olía el talento allí donde se encontrara y su olfato no fallaba casi nunca, el sabía quienes eran los buenos entrenadores. Con Mourinho tenía una gran relación personal a pesar de sus terribles luchas durante varios años cara a cara por el título de la Premier. Solían reunirse tras los partidos que enfrentaban a sus equipos para compartir una botella de vino y charlar «sobre fútbol y un millón de cosas más», según palabras del propio Ferguson. El carácter metódico, implacable y volcánico del portugués iba bastante en consonancia con el del propio Ferguson, quizás por eso se había fraguado esa relación de respeto y afinidad profesional.

Por otra parte, Sir Alex admiraba profundamente a Guardiola y el tipo de fútbol que el catalán ponía en práctica en sus equipos. Lo sufrió además en sus propias carnes en 2009 y 2011, cuando se enfrentaron en sendas finales de Champions League, decantadas en ambos casos del lado de Guardiola con justicia, el Barcelona fue superior al United en los dos partidos. Ferguson quedó impresionado. No era fácil vencer a su United, para nada lo era, pero en esas dos finales el escocés y sus chicos no encontraron argumentos para contrarrestar el fútbol que jugaba aquel Barcelona. Por eso en su mente quedó grabado el nombre de Guardiola como un sucesor más que digno para su puesto, a Sir Alex le habría encantado ver a su United jugar de esa forma.

Cabe destacar que el papel que desempeñó Ferguson en la busca de su sustituto fue principal, proponiendo los nombres que mejor consideró e incluso creemos muchos que fue él el que decidió en última instancia a la persona que le reemplazaría. Tal era su poder, se lo había ganado. Fue esta su última decisión, la última orden del jefe eterno. A partir de ese día, su influencia y su mando en el club se fue diluyendo, quizás por decisión propia o quizás instigada por una directiva que tras tanto tiempo sin poder tomar decisiones transcendentes, ahora veía el cielo abierto para manejar el club a su antojo.

Descartados Guardiola y Mourinho, el entrenador finalmente elegido fue David Moyes, que venía de una etapa de 11 años en el Everton realizando un trabajo realmente meritorio. Fue una decisión sorprendente, ya que se trataba de un técnico de un perfil más bajo de lo que se esperaba, pero el United confió en él extendiéndole un contrato de 6 años de duración. La idea era que cumpliera ese contrato y según los resultados se pudiera llegar a ampliar por más tiempo. En otras palabras, querían un entrenador de largo recorrido, no un parche temporal. Tenía la bendición del Jefe, era su elegido (la tercera opción, pero en definitiva, el elegido) , pero como ya hemos dicho, a partir del día que dejó el cargo la influencia de Ferguson decreció y no es precisamente este un asunto secundario en esta historia.

Hasta aquí el segundo capítulo de esta serie. En los siguientes se analizará la labor de los cuatro entrenadores que han ocupado el banquillo de Old Trafford desde el 1 de julio de 2013 hasta el día de hoy, con sus luces y sus sombras.