El United después de Sir Alex. Parte I: la despedida

Todos los aficionados al fútbol inglés menores de 30 años consideramos al Manchester United un equipo grande, si no el más grande de Inglaterra. Crecimos viendo a los diablos rojos exhibir su buen juego y voracidad ganadora en Europa, pero sobre todo en el campeonato local, donde dominaron la Premier durante la década de los 90 y los albores del nuevo milenio. Crecimos viendo a un club cuyo entrenador se mantenía en el cargo año tras año logrando siempre resultados excelentes a pesar de que cada temporadas que pasaba se hacía un poquito más mayor, un poquito más maniático y sus mejillas estaban cada vez más coloradas.

A lo largo de esta serie de artículos iremos desgranando poco a poco todo lo sucedido en el Manchester United desde que Ferguson abandonó el cargo hasta el día de hoy, valorando el trabajo de sus sucesores comparándolo con el suyo en algunos casos tales como toma de decisiones delicadas, fichajes o gestión de la cantera y los jóvenes talentos. No nos detendremos a analizar sus títulos, por sobra de todos conocidos, pero sí su manera de hacer las cosas durante dos décadas y media. En este primer capítulo nos centraremos en las razones de su retirada e intentaremos conocer un poco mejor su personalidad a través de alguna de sus frases más célebres.

Y empezamos, como no podía ser de otra manera, por el principio. El 5 de noviembre de ¡1986! Alex Ferguson se hacía cargo del banquillo del equipo y no lo abandonaría hasta el 8 de mayo de 2013,quedando campeón de Liga en su último año y con un total de 38 títulos en 26 temporadas en el banquillo de Old Trafford. A los 71 años decidió que era el momento de parar, de dar un paso a un lado y dejar que otra persona pudiera continuar con su legado.

En la cabeza de Ferguson el éxito tenía únicamente un camino, la lucha. Era un entrenador capaz de partirse la cara por sus chicos en rueda de prensa y en foros públicos mientras en la intimidad tenía al vestuario totalmente a raya . Cuentan sus veteranos soldados Ryan Giggs y Paul Scholes que no era muy habitual que gritase, que su simple presencia o una mirada le bastaban para que el grupo captara los mensajes, pero que cuando consideraba que alguien se merecía una buena bronca los gritos se podían oír fuera del vestuario. Especialmente célebres eran sus broncas con Roy Keane del que llegó a decir:

Roy da miedo, cuando se te acerca sus ojos empiezan a empequeñecerse, da verdadero miedo, y eso que soy escocés.

Los entrenadores rivales también sufrieron en sus carnes el desmesurado deseo de Sir Alex por el éxito y la victoria, especialmente Àrsene Wenger, a quien no profesaba demasiada estima personal ni profesional. Y el sentimiento era mutuo.

A lo largo de tantos años tuvo que sobreponerse a multitud de equipos que tenían como objetivo derrotar a su United, despojarlo de su condición de «abusón» de la Premier , pero sobre todo, derrotar al escocés. Pero eso a Ferguson le sonaba de algo:

Mi mayor reto no es lo que pasa ahora, sino derribar al Liverpool de su maldita posición privilegiada.

Esta frase la pronunció en el año 2002 ante la pregunta de un periodista sobre su futuro ( sí, ya en 2002 se discutía sobre su posible retirada). Dejó clara una cosa. El seguía en el United para convertirlo en el club más laureado de Inglaterra (en cuanto a campeonatos ligueros se refiere), no era otro su objetivo. Al final, por supuesto, lo logró.

Dos fueron los equipos que tuvieron la osadía de poner en entredicho la dictadura de su equipo en Inglaterra. El Arsenal de Wenger y el Chelsea de Mourinho fueron capaces de privar a Ferguson de ganar la Premier durante tres temporadas consecutivas, cosa que jamás había sucedido y jamás sucedió después. ¿ Y cuál fue su reacción? Ganar las tres ligas siguientes de forma consecutiva e inapelable. Le sobraban fuerzas, energía y conocimientos futbolísticos para enfrentarse a quien hiciese falta. Y un equipo de jugadores que lo daban todo por él.

La gestión de plantilla de Ferguson daría para escribir un libro, pero se puede sintetizar en una idea clave. Los jugadores pueden ser grandes estrellas, chicos de la cantera o veteranos contrastados, pueden jugar muy bien y ser importantísimos para el equipo pero jefe sólo hay uno. Él decidía todo lo que tenía que ver con los jugadores. Los fichaba, negociaba sus renovaciones o los vendía cuando consideraba que era el momento. Nunca dejó que su plantilla se acomodase o que alguien se considerara más importante que el equipo, lo que es lo mismo, nunca dejó que ningún jugador se creyera más importante que él.

Años más tarde tendría que lidiar con otro equipo. El Manchester City, construido a base de dinero árabe, pretendía abandonar su condición de segundón para disputarle los títulos a sus vecinos. Esto es lo que opinaba Ferguson al respecto:

Es el Manchester City, ¿no? Se trata de un club pequeño con una mentalidad pequeña. De lo único que saben hablar es del Manchester United; son incapaces de salirse de ahí.

En la temporada 2012 el Manchester City logró el título de liga en Inglaterra en la última jornada con una victoria sobre el QPR, privando al United de un nuevo título. Aunque por la cabeza de Ferguson ya rondaba la idea de retirarse, jamás se iba a permitir irse dejando al equipo por detrás de sus rivales del Etihad.

Por eso, en el 2013 y con un nuevo título de Liga, el 13, el último, The Boss decidió que era el momento de irse. Ya lo había conseguido todo. Había reflotado a un equipo que a finales de los 80 se hundía en la autocomplacencia, dominó Inglaterra durante la década de los 90 y todavía fue capaz de vencer a la nueva hornada de entrenadores y jeques que arribaron al fútbol inglés a principios de este siglo. Y para colmo, el Manchester United ya tenía más ligas que el Liverpool. Era el momento.

Para un hombre cuya filosofía vital se basó en la lucha, entendiendo la lucha como dar lo mejor de uno mismo día tras día para vencer a los rivales, era imprescindible poder controlar todo lo que rodeaba al equipo. Y en la primavera de 2013 Sir Alex estaba un poquito renqueante de su cadera, necesitaba una operación sencilla pero que le tendría apartado de la vida tal y como él la concebía durante unos meses, los suficientes como para no poder empezar la liga en agosto sentándose en el banquillo. Este es sin duda el motivo menos importante de los que provocaron su retirada pero quizás fuese el que le convenciera finalmente.

Aunque acostumbraba a delegar las sesiones de entrenamiento en sus ayudantes, siempre se le podía encontrar en su oficina de la ciudad deportiva de Carrington, ya fuera viendo el entrenamiento por la ventana o al teléfono negociando un nuevo fichaje. La simple idea de no poder acudir a su trabajo durante uno o dos meses era para él inconcebible. Además sabía que David Gill, su mano derecha en el club desde 1997 iba abandonar su cargo al final de la temporada para incorporarse al Comité Ejecutivo de la UEFA.

Finalmente, tras haber conseguido todo lo que se había propuesto en el plano deportivo y de convertir al Manchester United en una marca global reconocida en todo el mundo anunció que se marchaba.

La decisión de retirarme la he meditado mucho, no ha sido fácil de tomar, pero es el momento. Era muy importante para mí dejar una organización lo más fuerte posible y creo que así lo he hecho.

Era el final. Por primera vez en 26 años el Manchester United necesitaba un nuevo entrenador,pero de los candidatos y del elegido para sustituirle hablaremos en el siguiente capítulo.

Para finalizar este, os dejamos con la última frase de su comunicado de  despedida.

Las palabras no alcanzan para expresar lo que esto ha significado para mí

Pero este redactor sí que encuentra palabras para definir el legado del genial escocés en una sola frase.

Sir Alex Ferguson ha sido tan importante para el mundo del fútbol como la invención del propio juego, no se puede entender lo uno sin lo otro ni lo otro sin lo uno.

Y aquí, el vídeo de su discurso de despedida en su casa, el en Teatro de los Sueños: