Andy Robertson y su curiosa revelación que casi lo aleja de las canchas

Andy Robertson hoy es aclamado en todas las gradas de Anfield Road y lejos de ellas también, por los fanáticos de Liverpool. Su entrega, determinación y buenas actuaciones, han dejado perplejos y más que conformes a los Reds. En él encontraron un estereotipo ideal de jugador, perfectamente adaptable al rompecabezas que pregona Jürgen Klopp. En su primera Temporada, ya hizo olvidar a Fabio Aurelio Y John Arne Riise, los últimos mejores laterales por izquierda que vistieron la camiseta roja. Es uno de los favoritos por los hinchas, pero su destino podría haber sido muy distinto al que vive y disfruta en Merseyside. Andrew es escocés nacido en Glasgow, un 11 de marzo de 1994 y realizó sus estudios en St Ninian’s High School, en la ciudad aledaña de Giffnock. Allí jugó para el equipo de su colegio durante seis años, siendo Capitán, hasta que se unió a la cantera del Celtic FC.

Sin tanto lugar, a sus 17 años, fue relegado por ser considerado muy pequeño, razón por la que tuvo que marcharse. Las dudas existenciales afloran y retumban en los jóvenes, que culminan con la gran pregunta: ¿seguir dedicándose al fútbol corriendo un riesgo enorme, o estudiar/trabajar para asegurarse una porción de futuro en caso de que las cosas vayan mal? Y Robertson eligió ambas. Ni bien abandonó Celtic, comenzó a trabajar como cajero en un supermercado para conseguir un poco de dinero extra. Más precisamente, para la multinacional Marks and Spencer. Seguramente, en caso de permanecer en ese trabajo, las cosas hubieran sido muy distintas para Andy.

Le confesó a Daily Mail: “Tenía 17, a punto de cumplir 18, cuando tomé ese trabajo. Todavía estaba en el colegio. Fue en época navideña, ellos estaban contratando personal de forma temporal”. A pesar de ello, no se arrepiente de haber tomado esa decisión: “Fui uno de ellos. Para ser honesto, lo disfruté. Cuando miro atrás, ahí es donde siento que fue bastante bueno. Nunca me presiono a mí mismo”. Robertson, sin embargo, nunca se le cruzó la idea de abandonar la pelotita: “No estaba pensando ‘ya fue el fútbol’. Estaba tranquilo, mucha gente se desenamora cuando abandonan las academias juveniles”. Y así siguió jugando también, dando muestras de esfuerzo, que hoy se traduce adentro de la cancha. “Pude lidiar con las dos cosas. Nunca pensé: ‘me doy por vencido en esto’. No hay un camino fácil para llegar a la cima”. Por esa razón, luego fue llamado por Queen’s Park, un Club de la tercera categoría de Escocia. Allí disputó 43 encuentros y marcó dos goles, para llamar la atención del Dundee United, Club tradicional de la Scottish Premiership (hoy se encuentra en la segunda división). Aquel sería su primer gran paso para dejar atrás el supermercado y dedicarse de lleno al fútbol. Porque rápidamente estuvo en los planes del entrenador, se ganó la titularidad y ganó el premio al mejor jugador joven de la Temporada de 2013-14. 44 partidos le bastaron para ser catapultado al Hull City, un Club del ascenso inglés pero con recientes incursiones fugaces por la Premier League. Con los Tigers disputó tres Temporadas, con dos descensos a Championship y un ascenso a Premier.

Así de vertiginosa fue su vida en Hull. Pero sus cualidades llamaron la atención en Jürgen Klopp, que vio en él un fuego especial y perfecto para el dinamismo que proponen sus equipos. Y lo fichó para Liverpool por 8 millones de libras. Hoy ese precio es gracioso e irrisorio, porque solucionó los problemas de Liverpool de 10 años en la banda izquierda. Ya titular indiscutido, participando en Champions, consolidado en la Selección escocesa y con tal sólo un puñado de partidos, ya tiene una afición que lo ama. Y no de cualquier, equipo, sino del Liverpool Football Club. Andy Robertson: De cajero de supermercado para ganar unas monedas, a ser venerado en uno de los Clubes más grandes del mundo.